Ilustración de Michael Cheval

“Defensa troyana” del ilustrador Michael Cheval.

La estrategia no puede prescindir de la táctica, pero la táctica sin estrategia es un derroche ciego de actividad. Una y otra se necesitan; pero una y otra tienen características y finalidades diferentes. Si hay una buena estrategia, la táctica tendrá una clara ruta de acción; si se cuenta con una buena táctica, la estrategia tendrá un aval o una garantía para alcanzar sus fines. Si no hay una razonada y planeada estrategia toda táctica se convertirá en activismo sin norte, y si la estrategia descuida el aporte de las tácticas, todo quedará en ideales y sueños sin pie en la tierra.

Detengámonos, entonces, en esbozar algunas particularidades tanto  de la estrategia como de la táctica e intentemos señalar algunas distinciones para aclarar conceptualmente estos términos que hoy parecen refundirse o perder su significado.

La estrategia es un esfuerzo reflexivo, analítico, en el que son fundamentales la planeación y la previsión. La táctica, en cambio, se orienta a resolver, con astucia y perspicacia, las situaciones inmediatas o aquellas otras que demandan una respuesta rápida a las coyunturas o escollos del camino. La táctica, en este sentido, responde a lo imprevisto.

La estrategia enfoca sus esfuerzos a organizar los tiempos de amplia duración. Sus metas son de gran alcance; sus objetivos son a mediano y largo plazo. La táctica, por el contrario, se centra en atender los tiempos cortos, la secuencia de acciones propias del presente o del tiempo vigente.

La estrategia diseña, organiza, combina diversos elementos. Su verdadero ingenio radica en sopesar, aquilatar, valorar el alcance o la tasa de algunas variables como son el espacio, los recursos, los útiles o herramientas, los tiempos, las personas. La táctica, de manera diferente, se mueve más en saber responder a la observación inmediata, a la fuerza, al ejercicio, a las rutinas y a las actividades de todo tipo. La táctica da gran relevancia a la recursividad, a la experiencia adquirida para salir avante de una situación específica.

La estrategia requiere mucha imaginación. Es una actividad fuerte de previsión, de visualización de escenarios. La estrategia demanda creatividad, innovación y capacidad de ruptura con los modelos vigentes. La estrategia genuina inventa, modela lo imprevisto. La táctica, por contraste, se afianza en lo ya sabido. El táctico confía profundamente en los resultados del entrenamiento y en las técnicas validadas y conocidas.

La estrategia no aspira a alcanzar sus fines de manera inmediata; por eso, concibe fases, etapas, ciclos, momentos. Parcela las metas, divide las finalidades, y atiende a las demandas de los contextos. La táctica, en contravía, se mueve por los resultados más inmediatos; anhela que las soluciones sean apreciadas en el presente. Su efectividad o su eficacia reposan en mostrar un efecto instantáneo o, por lo menos, en el ahora.

La estrategia es cálculo, apuesta, organización consciente. La táctica, en contravía, es pura ejecución, es dominio del útil, es técnica suprema. Y si la estrategia presupone, presupuesta y organiza, la táctica es hábil en ejecutar operaciones, elegir métodos idóneos, saber reaccionar según la situación. La primera se gesta en la cabeza del estratega; la segunda, se desarrolla en el cuerpo a cuerpo, en el terreno concreto.

Sinteticemos: la estrategia implica concepción, organización, supervisión y evaluación. La táctica revisiones y constataciones, y un control permanente. El estratega exalta los proyectos, los planes, las maquinaciones y las propuestas; el táctico prefiere afinar las destrezas, tener dominio de los instrumentos, sacar el mayor rendimiento de sus capacidades y habilidades. La estrategia tiene mirada de ave; la táctica, el ojo fijo del guepardo. La primera percibe la complejidad del plano, del mapa; la segunda, conoce muy bien las meticulosidades del territorio.

Como puede observarse, la estrategia necesita de la táctica para llevar a cabo sus propósitos, mientras que la táctica reclama de la estrategia orientación. El estratega sabe que con buenas tácticas lo diseñado será ejecutado; el táctico reconoce que sin una buena estrategia mucha de su experticia quedará a la deriva o sin ninguna dirección. La estrategia le exige a la práctica resultados; la táctica le pide a la estrategia intencionalidades.

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