Lecturas

Creer en la educación

Terminé de leer la semana pasada el libro de Victoria Camps, Creer en la educación. La asignatura pendiente, publicado por Península, en 2011. Un texto centrado en reflexionar sobre el valor de la educación y su importancia, especialmente hoy,  cuando todo parece estar gobernado por las demandas de la sociedad de consumo, el afán de novedades y “los malos modales”. El texto está redactado de manera ágil, con el fin de interpelar a los educadores de oficio y también a los padres de familia. Retomo acá algunos de mis subrayados, como una forma de invitar a la lectura del libro.

“La educación está estrechamente vinculada a la ética entendida como la formación del carácter de una persona”.

“Educar, educere, quiere decir extraer de la persona lo mejor que lleva dentro”.

“Hay un montón de prejuicios que impiden pensar la educación. Por ejemplo, el de que las normas son contraproducentes porque acaban siendo rígidas o incomprensibles para los que las tienen que cumplir. Cuando la rigidez normativa de otros tiempos ha dado paso a la ausencia de normas y la misma normatividad ha sido rechazada por considerarse antieducativa, es difícil que se enseñe o se transmita algo más que ‘tonto el último’ o que ‘todo vale’ (…) Al educador se le supone criterio para para distinguir los mejor de lo peor, lo bueno de lo malo, lo que es correcto de lo que no lo es. Y ésta, nos guste o no, es una tarea normativa”.

“Una de las finalidades indiscutibles de la educación: inculcar las virtudes y actitudes morales del respeto y la convivencia entre las personas”.

“No se tiene en cuenta que una excesiva protección, en lugar de liberar al joven, le hará caer en otro tipo de tiranías, como por ejemplo la del grupo”.

“La educación siempre ha tenido que actuar contracorriente, contra una corriente dominante siempre propicia a corromper y desviar definitivamente la condición humana”.

“Educar no equivale a dejar hacer, pues la ‘mano invisible’ que supuestamente dirige el mercado acabará educando en su propia interés, es decir, haciendo personas destinadas a consumir”.

“Para poder educar hay que tener coraje, el coraje de demostrar que es un error medir los deseos desde un punto de vista exclusivamente material y valorarlos por el dinero que cuesta conseguirlos. No siempre tiene más valor lo que tiene el precio más elevado. Las cosas que hacen felices a las personas –autoestima, autonomía, el tiempo libre, la amistad– no se obtienen con dinero. Hay maneras de combatir el aburrimiento sin gastar dinero”.

“Ha costado reconocerlo, pero hoy creo que no me equivoco si digo que ya todos estamos de acuerdo en que la educación de los últimos años no ha sabido transmitir el valor del esfuerzo”.

“Con el propósito de conseguir que los niños se sintieran como en casa, que no tuvieran que padecer el trauma de ir a la escuela, sino que la vieran como algo más cercano; con el fin de ‘motivarlos’, la escuela ha renunciado a ser una institución revestida de autoridad y de seriedad”.

“Por poco que los adultos hayamos utilizado los nuevos artilugios informáticos, sabemos que la información que allí se encuentra es desmesurada y abundante, pero no selectiva. Sin criterio para distinguir la respuesta más correcta y sabia, la adecuación de la información, la validez de las fuentes y otras tantas cosas que no se aprenden en internet sino estudiando, la selección que hagamos tiene todos los números para ser errónea”.

“Una manera de infundir el sentimiento de admiración por las cosas nobles y valiosas es luchar contra la contaminación del gusto”.

“Uno de los conceptos más desvalorizados por la nueva educación es el de la disciplina, un requisito que se quiso desterrar de la práctica educativa porque se identificó con la represión pura y la falta de libertad. Ahora la disciplina empieza a revalorizarse, ya que se ha hecho evidente que sin ella no es posible enseñar nada, ni en el aula ni fuera de ella. La disciplina no es otra cosa que la capacidad de organizarse para responder a determinados objetivos y proyectos”.

“Pero si educar es ayudar a los menores a que se hagan a sí mismos tendremos que ayudarlos de acuerdo a nuestros valores porque ellos todavía no tienen los suyos propios”.

La felicidad de los pececillos

Hoy por la tarde, leí de un tirón, el libro de Simon Leys, La felicidad de los pececillos. Cartas desde las antípodas, publicado por Acantilado en 2011. El autor en verdad se llama Pierre Rickmans, nació en Bruselas y es un especilista en literatura china. Aunque el libro se presenta como una serie de crónicas (publicadas en Le Magazine Littéraire entre el 2005 y el 2006) , lo cierto es que son pequeños ensayos sobre diversos temas como la pereza, las palabras, el tabaco, el gusto o sobre determinados escritores como Sartre. Lo interesante de estos textos es que están construidos a la manera de antologías de alta filigrana en la que se entretejen anécdotas, citas y comentarios centrados en un asunto en particular. Hay, por lo demás, una buena dosis de ironía. Vale la pena leer la conferencia incluida en el libro que tiene como título “Mentiras verdaderas. La paradoja del arte y de la literatura”.

Transcribo enseguida algunos de mis subrayados. O, mejor, quiero seguir la propuesta de Leys de recuperar citas ajenas para seguir ampliando el palimpsesto de la literatura:

“Simone Weil pensaba que, cuando alguien tiene algo original que decir, al principio no puede ser entendido por nadie, salvo por los que le quieren”.

“La gente que no lee novelas ni poemas corre el riesgo de estrellarse contra la muralla de los hechos o de morir reventada bajo el peso de las realidades”.

“Los novelistas son los historiadores del presente, los historiadores son los novelistas del pasado, y todo escrito que presente cierta calidad literaria aspira esencialmente a ser poema”.

“No son las hazañas de la vida activa las que producen las grandes obras, sino más bien el fracaso, las penas oscuras, el hastío, la árida insignificancia de los días”.

“La belleza llama a la catástrofe del mismo modo que los campanarios atraen el rayo”.

“Los verdaderos filisteos no son una gente incapaz de reconocer la belleza, pues claro que la reconocen y muy bien, la detectan al instante, y con un olfato tan infalible como el del esteta más sutil, pero es para poder caer inmediatamente sobre ella con el fin de ahogarla antes de que pueda entrar en su universal imperio de la fealdad”.

“El talento inspirado siempre es un insulto a la mediocridad”.

“En la biografía de los grandes hombres, una sola anécdota es a veces más reveladora que una montaña de información”.

“En una carta a Virginia Woolf, John Maynard Keynes profetizaba la muerte de Occidente: las nuevas generaciones quieren disfrutar de todas las ventajas que les ha proporcionado el mundo de sus padres, pero sin pagar ningún precio, como sería cultivar los valores en que se fundamentaba este mundo”.

“Un investigador universitario es un individuo que sabe cada vez más de un asunto siempre menor, de suerte que termina por saber todo de nada”.

“Los déspotas son menos cínicos que crédulos”.

“Los griegos crearon una noción similar, conocida como scholé. Esta palabra designa literalmente la condición de un individuo que es dueño de sí, que tiene libre disposición de sí, de ahí el sentido de ‘descanso’, ‘ocio’, y por tanto también la manera en que se emplea el ocio: ‘estudio’, ‘saber’; y también: el lugar donde se dedica uno al estudio, donde se adquiere el saber: scholé es la etimología de escuela“.

“Mozart confió en una carta que pensaba cada día en la muerte, y que este pensamiento era la fuente profunda de toda su creación musical. Explica ciertamente la alegría inagotable de su arte”.

“Un hombre debe conservar una parte de su vida para sí mismo”.

“Pero ¿puede acaso la literatura ser considerada como una profesión? Es más bien una enfermedad, una terapia, una alegría, una monomanía, una bendición, una obsesión, una maldición, una locura, un estado de gracia, una pasión y muchas otras cosas más”.

“Pero los best-sellers llegan como los accidentes; no son acontecimientos que puedan programarse”.

“Es merced a un salto de la imaginación como se capta la verdad. Lo cual es cierto no sólo para el pensamiento científico, sino también para la reflexión filosófica”.

“El pensamiento requiere un espacio en el que sea posible olvidar, elegir, borrar, aislar, eliminar, poner de relieve. Si no pudiéramos desechar nada del desván de la memoria, no podríamos abstraer ni generalizar. Sin abstracción ni generalización, no puede haber pensamiento”.

“Cada vez que la gente se pregunta ‘¿Qué es la verdad?’, normalmente es porque tiene la verdad delante de las narices, pero resultaría muy incómodo reconocerlo”.

“Es que nuestra verdadera patria es la eternidad; nosotros no somos más que visitantes de paso en el tiempo”.

La civilización del espectáculo

Hace apenas unos meses terminé de leer, con apasionamiento, el texto de Mario Vargas Llosa La civilización del espectáculo, publicado por Alfaguara, en Abril de 2012. Es un libro de ensayos y de artículos de prensa en los que con una prosa soberbia, precisa, el nobel analiza y examina críticamente la sociedad de consumo, la cultura ligth y la frivolidad actuales. Vargas Llosa, además de argumentar sobre la razones de la crisis de la cultura contemporánea y la banalización de las artes y la literatura, saca también agudas conclusiones para la educación.

Resulta interesante la manera, en la organización del libro, cómo antiguos artículos de prensa (publicados en El País) sirven de “antecedentes” a los ensayos que dan cuerpo al libro. Esta combinación de textos muestra en Vargas Llosa una línea de preocupación sobre diversos problemas de la sociedad de nuestro tiempo.

Presento enseguida algunos de mis subrayados, con el ánimo de provocar a otros lectores a disfrutar de la siempre ágil prosa del escritor peruano:

“La ingenua idea de que, a través de la educación, se puede transmitir la cultura a la totalidad de la sociedad, está destruyendo la ‘alta cultura’, pues la única manera de conseguir esa democratización universal de la cultura es empobreciéndola, volviéndola cada día más superficial”.

“La sola idea de cultura no significó nunca cantidad de conocimientos, sino calidad y sensibilidad”.

 “¿Qué quiere decir civilización del espectáculo? La de un mundo donde el primer lugar en la tabla de valores vigente lo ocupa el entretenimiento, y donde divertirse, escapar del aburrimiento, es la pasión universal”.

“Pero convertir esa natural propensión a pasarlo bien en un valor supremo tiene consecuencias inesperadas: la banalización de la cultura, la generalización de la frivolidad y, en el campo de la información, que prolifere el periodismo irresponsable de la chismografía y el escándalo”.

“No es por eso extraño que la literatura más representativa de nuestra época sea la literatura light, leve, ligera, fácil, una literatura que sin el menor rubor se propone ante todo y sobre todo (y casi exclusivamente) divertir”.

“Los lectores de hoy quieren libros fáciles, que los entretengan, y esa demanda ejerce una presión que se vuelve poderoso incentivo para los creadores”.

“Tampoco es casual que la crítica haya poco menos que desaparecido en nuestros medios de información y se haya refugiado en esos conventos de clausura que son las Facultades de Humanidades y, en especial, los Departamentos de Filología cuyos estudios son sólo accesibles a los especialistas”.

“El vacío dejado por la desaparición de la crítica ha permitido que, insensiblemente, lo haya llenado la publicidad, convirtiéndose ésta en nuestros días no sólo en parte constitutiva de la vida cultural sino en su vector determinante”.

“Masificación es otro rasgo, junto con la frivolidad, de la cultura de nuestro tiempo”.

“En nuestros días el consumo masivo de marihuana, cocaína, éxtasis, crack, heroína, etcétera, responde a un entorno cultural que empuja a hombres y mujeres a la busca de placeres fáciles y rápidos, que los inmunicen contra la preocupación y la responsabilidad, en lugar del encuentro consigo mismos a través de la reflexión y la introspección, actividades eminentemente intelectuales que a la cultura veleidosa y lúdica le resultan aburridas”.

“En nuestros días, el intelectual se ha esfumado de los debates públicos, por lo menos de los que importan”.

“Pero, en verdad, la verdadera razón para la pérdida total del interés de la sociedad en su conjunto por los intelectuales es consecuencia directa de la ínfima vigencia que tiene el pensamiento en la civilización del espectáculo”.

“En nuestros días, en que lo se espera de los artistas no es el talento, ni la destreza, sino la pose y el escándalo, sus atrevimientos no son más que las máscaras de un nuevo conformismo”.

“La frivolidad consiste en tener una tabla de valores invertida o desequilibrada en la que la forma importa más que el contenido, la apariencia más que la esencia y en la que el gesto y el desplante –la representación– hacen las veces de sentimientos e ideas”.

 “Los espectadores no tienen memoria; por eso tampoco tienen remordimientos ni verdadera conciencia. Viven prendidos a la novedad, no importa cuál sea con tal de que sea nueva. Olvidan pronto y pasan sin pestañear de las escenas de muerte y destrucción de la guerra del Golfo Pérsico a las curvas, contorsiones y trémulos de Madonna y de Michael Jackson”.

“Convertir la información en un instrumento de diversión es abrir poco a poco las puertas de la legitimidad a lo que, antes, se refugiaba en un periodismo marginal y casi clandestino: el escándalo, la infidencia, el chisme, la violación de la privacidad, cuando no –en los casos peores– al libelo, la calumnia y el infundio”.

“El ámbito de la literatura abarca toda la experiencia humana, pues la refleja y contribuye decisivamente a modelarla, y de que, por lo mismo, ella debería ser patrimonio de todos, una actividad que se alimenta en el fondo común de la especie y a la que se puede recurrir incesantemente en busca de un orden cuando parecemos sumidos en el caos, de aliento en momentos de desánimo y de dudas e incertidumbres cuando la realidad que nos rodea parece excesivamente segura y confiable”.

“Si queremos que el amor físico contribuya a enriquecer la vida de las gentes, liberémoslo de los prejuicios, pero no de las formas y los ritos que lo embellecen y civilizan, y, en vez de exhibirlo a plena luz y por las calles, preservemos esa privacidad y discreción que permiten a los amantes jugar a ser dioses y sentir que lo son en esos instantes intensos y únicos de la pasión y el deseo compartidos”.

“Para que una sociedad lo sea, es igualmente necesario que en ella prospere una intensa vida espiritual –lo que para la gran mayoría significa vida religiosa–, pues, de lo contrario, ni las leyes ni las instituciones mejor concebidas funcionan a cabalidad y, a menudo, se estragan o corrompen”.

“La frivolidad desarma moralmente a una cultura descreída”.

“La secularización no ha remplazado a los dioses con ideas, saberes y convicciones que hicieran sus veces. Ha dejado un vacío espiritual que los seres humanos llenan como pueden, a veces  con grotescos sucedáneos, con múltiples formas de neurosis, o escuchando el llamado de esas sectas que, precisamente por su carácter absorbente y exclusivista, de planificación minuciosa de todos los instantes de la vida física y espiritual, proporcionan un equilibrio y un orden a quienes se sientan confusos, solitarios y aturdidos en el mundo de hoy”.

“Esos alumnos no tienen la culpa de ser ahora incapaces de leer La guerra y la paz o el Quijote. Acostumbrados a picotear información en sus computadoras, sin tener necesidad de hacer prolongados esfuerzos de concentración, han ido perdiendo el hábito y hasta la facultad de hacerlo, y han sido condicionados para contentarse con ese mariposeo cognitivo a que los acostumbra la Red, con sus infinitas conexiones y saltos hacia añadidos y complementos, de modo que han quedado en cierta forma vacunados contra el tipo de atención, reflexión, paciencia y prolongado abandono a aquello que se lee, y que es la única manera de leer, gozando, la gran literatura”.

“Nada aguza mejor nuestro olfato ni nos hace tan sensibles para detectar las raíces de la crueldad, la maldad y la violencia que puede desencadenar el ser humano, como la buena literatura”.

Las verdades de Chavela

El alimento de lectura de este fin de semana fue el texto Dos vidas no necesito. Las verdades de Chavela. Una larga conversación de la periodista mexicana María Cortina con la legendaria Chavela Vargas. Pero no es un libro tradicional de preguntas y respuestas; más bien se trata de la memoria de un diálogo entre dos amigas; una plática en la que la periodista a veces parafrasea lo que afirma Chavela y, otras, sirve de amanuense fiel a las ocurrencias de la costarricense Isabel Vargas Lizano, como en verdad se llamaba la libérrima cantante. Doy paso a algunas de sus opiniones, sólo con la finalidad de incitar a los lectores a conocer la vida de esta mujer amada, entre otros, por Joaquín Sabina, Pedro Almodóvar, Frida Kahlo, José Alfredo Jiménez y Carlos Monsiváis:

“‘Tienes que creer’, me decía mi papá y me agarraba las manos y me las juntaba. Yo no lo permitía, me rebelaba. Pero mi rebeldía era producto de la indiferencia, del no cariño, del no sentir que era hija; no me hacían sentir que era hija de ellos. Incluso, cuando se murió mi papá, no sentí ningún dolor. A lo largo de los años creé un odio tan grande dentro de mí que su muerte la recibí con abono y toda la cosa. Un odio de ochenta y pico de años. Un odio que todavía, en ocasiones, la siento muy hondo en el pecho”.

“No recuerdo cómo ni cuando decidí ser cantante. Creo que nací con la decisión tomada. Siempre he cantado, de niña lo hacía bajo los árboles, con los pájaros. Sentía una nostalgia de música, la amaba y la necesitaba siempre. Por ello, me dediqué a oír todos los sonidos que brotaban a mi alrededor. Sin haber estudiado música, los atrapé, los abrí, los hice canto”.

“Por eso te digo que el que no busca, el que no lucha, el que se hace loco y deja para más tarde lo que tiene que hacer, no triunfa en la vida”.

“Había llegado a México como una niña loca, sin saber qué sería de mí. Loca. Eso es bellísimo, un paisaje de mi vida donde existe la locura, la locura impensada, sin inventarla, pero que ahí está. En el fondo de todas las cosas está la locura. Yo la respeto muchísimo. La locura de soñar el sueño que estaba viviendo. Era como si no estuviera. Como si no existiera, pero sí existía”.

“Porque el mayor vicio de José Alfredo no fue el alcohol. No, a pesar de que fue el alcohol el que lo mató; su vicio verdadero fue la escritura. No podía dejar de escribir ni un solo día. Un día sin escribir y le pegaba el síndrome de la abstinencia, la cruda mortal. La urgencia de un trago. Entonces me decía: ‘Anota esto que te voy a decir’, y resultaba ser la frase de una canción. Y yo anotaba donde fuera, en una servilleta, en un trozo de tela, de papel. Una vez, no encontré dónde anotar y él se puso a escribir en el cristal del coche, fíjate. ‘Las ciudades’ la escribió en una servilleta. ‘Las ciudades’, su mejor composición”.

“El caballo blanco era, en realidad, su coche. Un día me dice: ‘Chavela, vámonos en mi caballo blanco por Insurgentes’. Y yo pensando: ‘¡Pero, qué absurdo!, un caballo blanco en la avenida más grande de la ciudad’. Era absurdo. ‘¿Dónde está? ¿Cómo de que un caballo por la Insurgentes?, nos vamos a matar’, le dije. Se resbala el caballo y se mata uno. Pero no era un animal, era su Ford blanco, un modelo que estaba muy de moda en ese entonces y al que traía todo deshecho”.

“El tiempo se va, se escurre de las manos, del alma, del cuerpo. Y sólo nos queda la nostalgia de esos momentos que vivimos con intensidad, con placer, con dolor y gozo. La nostalgia de poder correr, saltar, cantar, amar. La nostalgia de la vida que se va y se va y se va”.

“Más que sentir, entendí que los poemas tienen voz, una voz que viene de más del silencio, y el canto los pone a retozar. Y que no hay canción que valga si no tiene en su interior poesía”.

“Siento todavía el olor, un olor amargo que me sale del cuerpo. Veo el dolor que sentía, mi cuerpo débil, la soledad, la cercanía de la muerte. Fue cuando me dije: ‘Chavela, de ésta o te matas o te repones’. Y cuando dije ‘te repones’ hablaba de todo, enterita. Del trago, del cigarro, del alma. ‘O te repones o te pegas un tiro’. Al mismo tiempo, le dije al diablo que fuera por mí. ‘Atrévete, si eres tan cabrón como dicen’, le dije, pero no llegó. Tuvo el miedo que yo no tuve”.

“En todas las ocasiones, todos los días, todas las noches, dondequiera que uno esté, los pasos que das hacia dentro, cuando baja el telón, son definitivos, no tienen regreso. Al tiempo que caminas, vas diciendo, me voy. Ya me voy y ya nunca regresará este momento. Y sientes cómo se te rasga la piel, aunque después hagas mil conciertos más. Este momento es único, es irrepetible”.

“Eso es extrañísimo, porque ‘La llorona’ es en sí una canción que cuando la interpreto, reto a la muerte, lidio con ella. ‘La llorona’ une el dolor, la angustia, la alegría, el amor, lo une todo, para al final dar el grito. Un grito profundo, hondo, un grito lleno de verdad”.

“Yo no soy política ni militante de nada. El canto es mi instrumento y lo que digo, lo digo cantando. Con el sentimiento, con el alma. No son las letras de las canciones las que hablan, es el alma del canto. Uno puede cantar ‘La Macorina’, ‘Volver, volver’, o ‘Vámonos’, que son tres canciones con temas diferentes, pero que, al cantarlas de cierto modo, transmiten ese mensaje, ese grito que a veces es de rabia o de dolor, pero que también es un grito de esperanza. Para creer, hay que sentir la necesidad de creer”.

“He aprendido tantas cosas de la vida, María; sobre todo en los últimos años. He aprendido a mirar con más tranquilidad y suavidad a las personas, con ternura. Con una ternura que, poco a poco, he ido sacando del rincón donde la tenía guardada. La he ido desempolvando. Ahora, veo las cosas de otra forma y me siento más relajada, con alivio. Por dentro y por fuera”.

“Lo supe siempre. No hay nadie que aguante la libertad ajena; a nadie le gusta vivir con una persona libre. Si eres libre, ése es el precio que tienes que pagar: la soledad”.

“La creación no termina, si uno sigue vivo, no termina. Tengo 90 años y viviré lo que me queda de vida sin que la creación se acabe. Crear es la verdad. Que no se termine nunca la verdad. Eso he querido siempre”.

Persiguiendo el sol

Persiguiendo el sol

He leído de un tirón las memorias de Juanes, publicadas por Celebra book, bajo el título Persiguiendo el sol. Me he sentido un amigo más, como sugiere el autor en la introducción, invitado a la sala de su casa. He seguido de cerca la búsqueda de sus sueños y he compartido sus desesperanzas y dudas frente a las pruebas que a bien tuvo la vida colocarle. Juanes dice hacia el final del texto que más que la historia de su vida es el recuento de una historia de fe. Es probable que así sea. Pero, lo que más me ha gustado de esta autobiografía, sazonada con magníficas fotografías, es el poder haber visto en directo el recorrido de un ser humano en busca de sus sueños más íntimos. Una aventura hacia la meta más alta, hacia el “éxito”, pero que termina siendo la oportunidad para replantearse un reencuentro consigo mismo. Creo que este libro puede servir de referente para todos los jóvenes que luchan por no dejar morir sus ilusiones y para esos otros, especialmente artistas, que terminan sucumbiendo a las demandas del consumo traicionando sus raíces o su verdadera vocación.

Transcribo algunos de mis subrayados, con el propósito de invitar a otros a leer estas confesiones del gran Juanes, el mismo que nos ha enseñado “que el arte es quizá el arma de paz más poderosa que tenemos en nuestras manos para transformar el imaginario colectivo”:

“En la guitarra encontraba mi conexión con Dios y con el universo, era entonces cuando le encontraba sentido a la vida de verdad”.

“Era la Medellín convulsionada de finales de los ochenta donde la vida no valía nada. A través del rock logré sobrevivir; siento que la música me salvó de todo en esa época: de las drogas, de la violencia, de los miedos, de las frustraciones y hasta de la timidez”.

“El nombre de ‘Ekhymosis’ salió de un libro de medicina que estaba en la casa de Esteban Mora, el baterista. Estábamos buscando el nombre más raro y difícil de pronunciar y nos decidimos por el término médico para referirse a moretón o hinchazón de la piel por impacto”.

En nuestras letras hablábamos de lo que no entendíamos, hacíamos preguntas, desahogábamos el miedo y la frustración. Poco a poco la música se fue convirtiendo en una manera de expresión tan poderosa, y al mismo tiempo en una manera de escapar, que nos aferramos a ella con la vida y hasta darlo todo desde esos días y  hasta hoy”.

“El exceso de violencia y la frustración de aquellos días elevaron mi fiebre por el metal en cantidades inimaginables. Con el simple hecho de escuchar el sonido distorsionado y rápido de las guitarras en combinación con la batería, me sentía liberado y sin tensión. Era una forma de soltar toda esa sensación de rabia y dolor que comenzó a apoderarse de mi alma”.

“Mi amor por el metal era tan fuerte como el que sentía por mis otras raíces musicales, la música más tradicional que heredé de mi padre y mis hermanos”.

“Han pasado casi veinte años desde el día de la muerte de mi papá y mi relación con Dios y con él es cada día más fuerte. Realmente no sé quién es quién, solo siento que ha estado conmigo estos años y que vigila y cuida mis pasos como lo hago yo hoy con mis hijos. En mis oraciones le hablo constantemente, le pido a Dios por su alma y por su felicidad, con la certeza absoluta de que está feliz y en paz al algún lugar del universo, o en todas partes al mismo tiempo”.

“Los tres años aproximadamente que pasé en Estados Unidos en busca de mi sueño fueron años de mucho aprendizaje, reflexión y, sobre todo, de conexión con Dios y conmigo mismo. Renuncié a todo en Medellín para comenzar de nuevo. Tuve épocas en que solo comía arroz y agua de la canilla, pues el dinero no alcanzaba para nada”.

“Pero todo el trabajo y los sacrificios dieron sus frutos. De repente ‘La camisa negra’ empezó a sonar en todas las radios del mundo. Me escribían amigos de lugares tan recónditos como Marruecos, Alemania, Japón y Australia porque la estaban escuchando. Yo no lo podía creer. Llevaba tanto tiempo para alcanzar ese sueño que una vez que se hizo realidad me costó trabajo creer que estuviera sucediendo”.

“Pero mientras mi trabajo iba en ascenso, mi vida personal estaba hecha trizas. A Karen le estaba tocando criar sola a nuestra hija Luna y, en mi interior, yo sentía que el corazón se me partía. A pesar de toda la alegría y las bendiciones que nos traía, mi nuevo éxito no dejó de ser uno de los retos más grandes de mi vida”.

“Todo iba muy bien y no había nada de qué quejarse, pero interiormente ya había empezado a sentir el cansancio mental y físico de tantos años y viajes sin parar. Lo que no sabía era que solo era el comienzo de una época oscura que tardaría en superar”.

“Perdí mi foco y me olvidé de mí para complacer a otros”.

“Nunca antes me había pasado algo así, la música siempre fluía de mí con total naturalidad y casi sin esfuerzo. Sin embargo, algo me había pasado que ahora estaba fallando. Me sentía rodeado de un silencio y una preocupación tenaces. No estaba dando lo mejor de mí, lo sabía, pero sentía que si me aplicaba todavía podía salvar el partido. Todavía tenía energía extra para ganar”.

“El concierto en Cuba me mostró las dos caras de la moneda, el amor y el odio, lo justo y lo injusto, la mentira y la verdad, la incapacidad, la frustración y, al final, la alegría de ver a más de un millón de cubanos cantar y sonreír. Cuba me enseñó a conocer los verdaderos amigos”.

“En este punto del camino tenía que soltar todas las cadenas y pesos que me amarraban y me hacían la vida imposibles; era un muñeco que trabaja para otros. Mi tristeza era muy profunda, por primera vez en mi vida estaba derrotado y sin claridad hacia el futuro”.

“Me impuse un régimen de desconexión total: cerré mi cuenta de correo electrónico, cambié mi número de teléfono y empecé a retirarme de la luz pública; sólo dejé activas mis cuentas de Twitter y Facebook para comunicarme con mis fans; imaginaba especulaciones sobre mi situación y no quería malos entendidos”.

“Poco a poco retomé el control de mis días y de mi vida, a mi tiempo y en mis términos, y ya no para cumplir expectativas de terceros que de pronto me decían: ‘tú eres un producto’ y cosas así que me hirieron hasta lo más profundo. Me dolieron porque sabía, en el fondo, que tenían razón y que estaba siendo exactamente eso: un muñeco desalmado que andaba para allá y para acá sin saber por qué, siguiendo el ritmo inquebrantable de una maquinaria y un sistema podrido”.

“No fue fácil pero fue de los momentos más cruciales de mi existencia: un renacimiento que me trajo madurez mezclada con sufrimiento. Me deshice de todo tipo de pensamientos baratos y ridículos, empecé a recordar quién realmente era yo, mi esencia en la infancia, los valores inculcados y sobre todo lo más importante: mi fe en Dios, que estaba desgastada y alejada de mí.

“Es posible que haya otros artistas en el mundo que no tengan que pasar por una etapa así en sus vidas, pero en mi caso fue cuestión de vida o muerte. Fue un momento absolutamente necesario en mi proceso de aprendizaje, una reacomodación en mi vida y en mi carrera. Durante esos meses me dediqué a conocerme mejor por dentro y gracias a eso he podido madurar y crecer y convertirme en la persona que soy hoy en día, una persona equilibrada, satisfecha y completamente feliz.

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26 pensamientos sobre “Lecturas”

  1. Heidy Alvarez dijo:

    Doctor Fernando es grato ver la inmensidad de temas que aborda en sus lecturas, puesto que la publicación de los fragmentos del texto, hacen que uno como lector quede intrigado. Además de permitirnos conocer aspectos de sus vida que como docentes muchas veces deslizamos, pues se cree que todo es academia y en realidad no es así. Gracias por compartir su conocimiento.

  2. Fredy B.Quitora dijo:

    “La investigación es la razón del ser del misterio intentando hallar el ser de las cosas”

  3. ALIDA HERNANDEZ VELASQUEZ. dijo:

    Doctor Fernando.
    ¿Tarde ya para escribir? Ese problema esta marcado en muchos maestros…¿Le cuento una realidad? En Diciembre ingrese a este espacio que usted ha creado con la sabiduría de los buenos escritores, lectores y por supuesto a quienes manejan la oralidad, logrando el encantamiento de quienes lo escuchan. La sencillez en el manejo de todas estas formas de lenguaje, hace que quien lo siga comprenda fácilmente la necesidad de interactuar en este mundo maravilloso. Gracias por el apoyo que desde el día que ingrese a la Universidad con la intención de realizar la Maestría siento; me brindo.

  4. Sirley Gonzalez Aldana dijo:

    Vaya maestro Vasquez creo que mi trabajo sera el de aprender a tener un tesauro de la informatica porque definitivamente no creo que este sea el espacio diseñado para dejar las apreciaciones al respecto, pero curiosamente aunque le he buscado poner metacognicion al asunto he terminado como un buen inexperto llegando al mismo lugar. Aun asi gracias por tomarse el tiempo para organizar y crear este tesauro para docentes, es interesante la forma facil que hace ver el ejercicio de la escritura… invitandonos asi a que sigamos su ejemplo.

    • Sirley, gracias por tu comentario. Cuántas veces hemos sido inexpertos, en cuántas oportunidades hemos ido y retornado al mismo lugar… Y sin embargo, algo hemos aprendido de esa travesía que nos retornaba al punto de partida.

      • claro que si Maestro solo la experiencia le va dando matices a nuestro diario vivir y nuestra practica, solo el andar una y otra vez el camino nos lleva a ser conscientes de que aveces hay que cambiar… lo importante es perseverar pues aunque aveces la incertidumbre ataca, lo importante es dar la batalla y seguir adelante.Para eso somos maestros para siempre estar aprendiendo o sino que podriamos enseñar???? Buen dia 😉

  5. Lugdy Celia Manzano Arenas dijo:

    Profesor Fernando, gracias por ese tesauro de los buenos lectores, sobre todo para este momento en que inicio esta nueva etapa de mi formación. Que Dios lo bendiga.

  6. Dennis dijo:

    Dennis dice: Profe tiene usted magia en sus palabras y escritos admiro la transformación que le da al significado de las palabras en su capitulo del tesauro hace vivir cada palabra en el recuerdo de lo aprendido alguna vez y que sigue latente en la mente. Lo felicito, espero alimentarme de sus conocimientos en estos cuatro semestres.

  7. Bueno respecto a Tesauro de un buen lector,me sorprende la habilidad de discriminar de esta manera cada uno de los términos y ademas darles ese toque de importancia que tiene en el inicio de la maestría. Felicitaciones

  8. Juan David López dijo:

    Hola, Fernando:

    Es bueno leer a un hombre que enseña a perseguir los sueños que desde pequeño tenemos en nuestras cabezas. Leyendo a Juanes me acordé de cómo pensaba de pequeño, de gustos y disgustos, de mi propio significado de amor, dolor, y justicia. Y aún más importante es ese compromiso de perseguir y no dejar morir los ideales puros y sinceros que tenemos. No se necesita ser músico para entender que se puede lograr todo lo que uno desea si se es constante y coherente con lo que se hace.

    • Juan David López dijo:

      Dejo una frase que no pusiste:

      “A través de este viaje por la música y la fe, también he entendido que no solo no estamos solos, sino que solos no podemos llegar a ningún lado. Todo, absolutamente todo, lo queramos o no, está estrictamente conectado”

    • Juan David, gracias por tu comentario. Totalmente de acuerdo: para alcanzar nuestros sueños más queridos se requiere, ante todo, constancia y coherencia en lo que que hace.

  9. Beatriz Vergara dijo:

    Lecturas que invitan a la obra… Llegó la hora de perseguir un sueño… llegó la hora de salir a buscar: “Persiguiendo el sol” de Juanes: el regalo de grado para mi Pipe y que sirva de inspiración en su nueva carrera universitaria: la música.

  10. Alfredo Motato dijo:

    Muy buena página y ante todo con anotaciones muy pertinentes. Felicitaciones

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